Empieza otro día, nuevas oportunidades, puedo hacer muchas cosas hoy, ayer ya quedó atrás, todo eso es cosa del pasado, por fin puedo abrir los ojos, me pesan demasiado los parpados, me duele todo el cuerpo, me duelen las manos, ¿pero por qué? ayer no hice nada, estuve acostado todo el día igual que hace dos días e igual que hace tres, y no recuerdo cuando fue la última vez que me levante para hacer algo importante; a si… creo que lo recuerdo, la semana pasada fui al mercado a comprar comida, espero aún tenga algo de comer. ¿Qué tengo que hacer hoy? creo que nada, ay no… tengo que levantarme porque necesito ir al baño, me acuesto de lado y con mucho esfuerzo lo logro, me levanto, y veo todo el desorden que me rodea, ropa tirada, zapatos desordenados, el bote de basura esta a reventar, otra vez ese sonido… es el camión de la basura, creo que debería hacer el intento de sacarla, tal vez mañana hoy no tengo ánimo, por fin puedo ponerme de pie, me dirijo al baño, evito ver mi reflejo, no me gusta lo que veo, queda poco papel, bueno no importa, después pongo otro rollo, ¿me debería bañar? ¿veré a alguien hoy? seguramente no, entonces no vale la pena gastar algo de agua en mi. Mi estomago hace ruidos, me recuerdan que tengo hambre, voy a comer algo, no, no importa, aún aguanto otro rato sin comer, mejor regreso a la cama, ¿qué hora es? ya pasa del medio día, debería ponerme a hacer algo, pero creo que no tengo nada que hacer, ¿dónde esta mi teléfono? umm no tiene batería, lo dejaré cargando un rato, espero tener algún mensaje importante; antes de acostarme de nuevo, abriré la ventana, esa señora siempre esta asomada viendo hacia acá, que molesta es, respiro el aire fresco un momento, el sol esta muy brillante y hace calor, el calor me pone de malas, ya prendió mi teléfono, revisaré mis redes sociales, veré algunas imágenes graciosas, compartiré algún post que me interese y… ninguna notificación importante, bueno… mis amigos son muy exitosos, o eso parece, o eso quieren que creamos, me da igual, no, no me da igual, creo que me da un poco de envidia pero que bueno por ellos, no me da felicidad, ni tristeza, solo haré como que no me importa, dejaré unos cuantos likes y tal vez comente alguna de esas publicaciones, naa no importa, ¿para qué? no creo que les interese mi opinión por mucha empatía que intente aparentar, bueno revisaré alguna otra red social, lo mismo, todas las redes sociales son lo mismo, gente posteando ocurrencias que claramente no son de ellos mismos, solo las copiaron y no dan crédito al autor original, gente discutiendo las últimas decisiones de los políticos, defendiéndolas o atacándolas como si su vida dependiera de ello, o al menos como si a el político le importara, gente burlándose y exponiendo el último video viral o criticando a la nueva figura famosa en internet, como si eso los hiciera mejores personas, gente espantada que cree que en su época todo era mejor, la maravillosa vida de todas esas personas que conozco y las que no conozco… me encuentro algo de la persona que me hacia bullying en la escuela, esta esperando ser mamá, le dejaré un comentario felicitándola, aunque en realidad me gustaría comentarle “ojala traten a tu hijo o hija como me trataste a mi en la escuela”, que divertido sería, pero no, revisaré el grupo familiar, mas imágenes de buenos días, buenas tardes y buenas noches, imágenes de bendiciones mandadas por los mismos tíos que dejaron morir a la abuela en soledad… Todos son unos hipócritas, ¿para qué
desperté? siempre es lo mismo, mejor regreso a dormir. Espero que al despertar todo sea mejor, al despertar de nuevo tendré “nuevas oportunidades”.
El faro compartía su luz con propios y extraños. Siempre a tiempo, siempre dispuesto. La gente no dudaba en acercarse a él: descansaban, tomaban algo de su calma, dejaban sus problemas allí… y seguían su camino sin siquiera mirar atrás. Con el tiempo, el faro comenzó a desgastarse. Su estructura se agrietó, su luz perdió fuerza. Nadie le dio mantenimiento, nadie lo cuidó. Y el día que se apagó, muchos lo olvidaron. Los más crueles, incluso, le reprocharon haber dejado de brillar, de compartir su luz, de ayudarlos. Pero nadie le tendió una mano. Barcos perdidos y necesitados habrá siempre, buscando una luz que los guíe. Pero faros… solo uno por puerto. Y cuando ese faro se apaga, muchos quedan a la deriva.

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