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La cena familiar

 La señora G llamaba a toda la familia a cenar, el olor estaba presente en toda la habitación, el sonido que siempre hacia para llamar a su familia hizo que las ratas salieran de sus agujeros, chillando y corriendo a comer.

Vamos pequeñas ya es hora de que coman, aquel animal atropellado aun tenia sangre fresca, y les traje la parte que aun estaba suave, coman rápido, no quieren que se ponga mas dura su comida. Decía esto la señora García con una sonrisa y una hermosa voz que podrías confundir con la voz de una princesa de un cuento, mientras hacia ruido con una cuchara pegándole a un calentador de agua viejo que estaba tirado junto a unas piedras que no servían mas que para generar mas polvo en el ambiente.

No tan rápido pequeñas, déjenle algo a los demás, mientras sonaba su nariz con un periódico arrugado que claramente ya había sido usado para el mismo propósito varias veces.

Sacó de su bolsa unas latas aplastadas y las coloco cuidadosamente en el rebosante costal de latas que tenia en una esquina y que ella sabia que el día que pudiera cambiarlas por unas monedas iniciaría de nuevo para llenar ese costal. ¿Qué haría con el dinero? seguro lo usaría para alimentar a su familia.

La noche empezaba a caer y la señora García veía con una cara radiante como sus ratas comían y bebían, y cuando cada una se iba sintiendo satisfecha se retiraban a sus respectivos agujeros en la pared.

Antes de que oscureciera mas y fuera mas difícil ver, la señora García, cruzó el cuarto y se dirigió al gran hueco en la pared y que en vez de puerta tenia una cortina sucia y raída por las mismas ratas, el olor a humedad traspasaba su improvisada puerta, sabía que al día siguiente tenia que salir a buscar algunas monedas y con suerte encontraría otro animal muerto mas fresco que el del día de hoy para su única y amada compañía

Se acercó a un colchón que estaba colocado en el piso, con una parte doblada y recargada en la pared a manera de almohada y con mucho cuidado fue recostándose, a un lado de la parte quemada que dejaba ver el relleno del mismo. La señora García que ya no recordaba a su familia bio
lógica, la gente de su infancia, ni tenia a nadie que se preguntara por ella, se recostó con una sonrisa en la cara sabiendo que fue un buen día, sin saber que esa misma noche su alma decidiría alejarse de cuerpo, su corazón se detendría y sus pulmones inhalarían profundamente, mantendrían el aliento unos instantes y después  exhalarían por ultima vez el moho de ese sucio y viejo colchón. Dando paso a que las cucarachas que cada noche recorrían su cuerpo esta vez no se vieran interrumpidas por un lento manotazo para espantarlas de su cara y que para los siguientes días ella misma se convertiría en la cena de sus amadas ratas. Por supuesto que nadie preguntaría por ella hasta que la peste incomodara a la gente que pasara por el lugar que la vió pasar sus últimos días.





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