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De la fantasía a la pesadilla: mi historia en la Frikiplaza

 Me acerco a ti para contarte algo que me pasó en la Frikiplaza, por favor quiero que sea anónimo. Yo era un cliente frecuente de una de tantas Frikiplazas de la Ciudad de México. No quiero ser muy específico en cuál me pasó, porque esta persona es muy conocida ahí.

Yo iba como de costumbre a jugar un rato Yugi, a estar un rato en las maquinitas y a platicar con algunos conocidos. Era mi rutina después del trabajo. Yo pues soy un chico delgado porque a veces prefiero guardar el dinero para jugar en las maquinitas en vez de comer. No gano mucho, pero como trabajo en un almacén acomodando el inventario, es un trabajo pesado que me ha dejado un cuerpo marcado.

Fuera de la friki no soy muy sociable, vivo con mi abuelo y aunque él me da consejos, solo no se me da socializar. Ya sabes, como muchos de los que frecuentamos estas plazas. Como te imaginarás, no tengo novia ni amigas, pero un día que estábamos en una partida de Yugi, le gané a un amigo que todos sabemos que trae de los mejores mazos de cartas. La verdad no sé si fue suerte o que me dejó ganar, pero la gente que vio eso se sorprendió de lo que había hecho e hicieron mucho ruido. Me felicitaron y uno hasta me invitó unos Pockys.

Cuando el ánimo se calmó, vi cómo una chica muy guapa que atendía un local no dejaba de verme. No sé si fue el momento de emoción, o qué sucedió, que me acerqué a saludarla y a invitarle uno de mis últimos Pockys. Ella aceptó y me siguió la plática. Me puse muy nervioso porque hace mucho no platicaba con una chica, y menos como ella. Era la fantasía de muchos de la plaza porque seguido iba en cosplay y así nos atendía en su local. Platicamos un rato y ella me dijo que si le daba mi Whats. De verdad, no creía lo que estaba pasando. Se lo di y me despedí.

Como te imaginarás, si no gastaba en comida, menos en ponerle saldo a mi celular. Digamos que nunca esperaba que alguien me escribiera, y mi abuelo por lo general me llamaba, así que tener datos no era una prioridad en mi vida. Me fui caminando a casa, sin creer lo que pasaba. No vivo lejos de esa zona y me gusta caminar. Por lo general tardo como una hora en llegar caminando a mi casa.

Al llegar y conectarme al wifi de casa, me di cuenta que tenía unos mensajes de ella. Era una foto con cosplay de Elizabeth de Nanatsu no Taizai, o Siete Pecados Capitales. Le quedaba perfecto, era igual. Platicamos un poco y no supe qué más decir. Ella al día siguiente tomó la iniciativa y volvió a escribirme. De verdad no me lo creía. Me dijo que era su día de descanso, pero que si quería podíamos vernos en la plaza, que tenía antojo de Calpis y que si tomábamos uno. De verdad no me lo creía, estaba muy emocionado.

Ese día en mi trabajo fue eterno, solo esperaba el momento de irme de ahí para ver a esta chica. Al fin pude salir y corrí a la plaza. La encontré en el tercer piso y al llegar ella ya tenía dos bebidas en una mesa esperándome. La vi, me sonrió y aunque no iba en cosplay, se veía increíble. Traía el cabello suelto, un maquillaje discreto, camisa, saco y corbata de colegiala de anime y abajo traía una falda bastante corta y medias.

Ella llevaba la plática, yo estaba encantado porque sentía interés de ella, yo no tenía que hacer mucho. En eso me dijo que la acompañara a su local, que tenía mucho calor y le molestaba el ruido. Le dije que era su día de descanso, que podíamos ir a otro lado, pero ella insistió. Nos acercamos, quitó los candados, subió la cortina metálica como un metro y me dijo: "Pásate". Se me hizo muy raro, yo pensé que la abriría toda. Me metí y luego ella entró y la cerró. Prendió la luz y me dijo que nos sentáramos en el piso. Nos reímos un rato, platicamos y en eso, ella se quita los zapatos diciendo que estaba muy cansada.

Las medias que traía eran de esas que tienen huella de gato en la planta del pie. Al ver eso me puse muy nervioso porque nunca había visto eso puesto en una chica, solo las veía colgadas en su empaque y fantaseaba, pero solo eso. Pero estando ahí con esa chica tan hermosa y vestida así, no podía ni hablar. Ella se dio cuenta y empezó a juguetear con sus pies, subía poco a poco hasta que en un momento puso ambos pies en mi entrepierna, ya sabes dónde. No supe qué decir, no podía ni moverme. Ella empezó a reír y me preguntó si me gustaba lo que estaba haciendo. La miré a los ojos y le dije que sí. Ella se sentó sobre mis piernas y empezó a besarme. No quiero entrar en detalles, solo diré que muchas de mis fantasías me las cumplió en ese momento. Me dejó poseerla por todos lados. Era muy excitante por tenerla a ella, vestida así y el ruido de afuera de la plaza.

Le pedí que me hiciera un trabajo, ya sabes, con sus pies. Lo hizo pero se dio cuenta que no duraría mucho, se detuvo y se montó en mí. Obviamente no llevaba protección y pues pasó lo que tenía que pasar. En verdad fue algo increíble, y en realidad me da pena admitirlo, pero fue mi primera vez.

Después de un rato abrió la cortina y salimos. Nos despedimos y me fui caminando a mi casa sin poder creer lo que había pasado. Al llegar le mandé un mensaje, pero noté que su foto de perfil ya no estaba, las dos palomitas no salieron, solo una y se quedó en gris. No sabía qué estaba pasando. Al día siguiente fui a la plaza y al acercarme me trató de una forma muy fría, como si fuera un cliente más. Me saqué mucho de onda, me puso muy triste y me alejé. Entendía lo que estaba pasando. Pensé para mí, que lo mejor era quedarme con la experiencia.

Un tiempo después seguí con mi vida igual y me di cuenta que hacía lo mismo con otros chicos. Algunos martes que ella descansaba la veía platicando con algún chico y después desaparecían, pero la cortina de su local no tenía los candados.

El tiempo siguió y mi abuelo falleció. Al no poder con los gastos decidí unirme a un trabajo de seguridad privada. El físico lo tenía y no pedían muchos estudios. En las pruebas físicas no tuve problema en fuerza, pero sí un poco en resistencia, aunque no fue problema para la empresa. Me aceptaron y me mandaron a hacer estudios médicos.

Me llevé la terrible sorpresa de que di positivo a VIH y me rechazaron. No lo podía creer. No cabía duda de que ella me contagió. Intenté reclamarle, pero cuando fui a la plaza su local ya estaba ocupado por otra tienda. No sé a cuánta gente más contagió, pero esta es mi historia y ahora es mi realidad. Solo una vez y fue la última.

Te cuento esto porque necesito desahogarme y sentir algún tipo de venganza. Gracias por leerme.




 


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