Ir al contenido principal

Susurros en el refrigerador

Hola, te quiero contar algo. Más que una historia, creo que es una confesión. Te lo mando desde un correo desechable porque no quiero que sepan quién soy, ni que haya alguna conexión conmigo. No te molestes en preguntarme algo más porque no volveré a abrir esto.

Soy un hombre tranquilo, sin vicios. Nunca he sido sobresaliente en algo. No soy feo, pero tampoco guapo. Me va muy bien en mi trabajo y, como no tengo vida social, he ido ahorrando todo lo que puedo. Lo que ahorro lo he usado para algunos lujos personales y para lo que te voy a contar. Soy abogado y tengo algunos conocidos que no son muy honestos, y conozco la ley de mi país tan bien que he encontrado algunos vacíos legales que creo que pueden ayudarme por si algún día me atrapan. Espero nunca suceda, pero más vale estar preparado.

Todo empezó porque, hace un tiempo, conocí a una chica muy hermosa. Hacía varias cosas: cantaba, bailaba, hacía algo de teatro, jugaba videojuegos. Era lo que le llaman “streamer”, pero no tenía muchos seguidores, nada relevante, la verdad. No era muy talentosa, pero como te dije, era muy hermosa e insistente para subirse al escenario o que la vieran. Eso le ayudaba a tener algunos trabajos. La conocí en un evento muy grande de mi ciudad, un evento para la cultura otaku y los llamados frikis. Entre sus actividades artísticas, era cosplayer. También era modelo de desnudo artístico y llegó a salir en algunas revistas de venta por catálogo. Como verás, no me equivoco cuando te digo que no hacía nada relevante. En el tiempo que salimos, nunca nadie la reconoció o la recordaba de alguna revista u obra de teatro.

Cuando empezamos a salir, para mí era como un trofeo. No podía creer que alguien como ella me hiciera caso. Mis interacciones con mujeres siempre fueron muy pocas. Me da pena admitirlo, pero casi siempre recurrí a prostitutas y mujeres de ese tipo para tener cierta atención. Pero con ella era diferente. Todo el mundo la miraba, muchos hombres se le acercaban a pedirle fotos con sus cosplays, y notaba cómo muchas mujeres la veían con envidia. Lo reconozco: al principio estaba cegado. Había cosas que hacía que no me gustaban, pero no decía nada. Más que nada porque era muy raro que me invitara a sus cosas y no quería que, por algún comentario o preguntar de más, dejara de invitarme. Por ejemplo, unos chicos le pagaban por fotos mientras ella los pisaba; otros pedían que se sentara sobre ellos. Me daban celos, pero me decía a mí mismo que mientras no hiciera algo más íntimo no me quejaría. Nunca me acercaba de más cuando ella trabajaba, y aunque sus fans fueran insistentes en hablar o interactuar con ella, nunca pregunté nada. Algo que me resultó muy extraño con el tiempo es que, a pesar de que su trabajo era muy esporádico, siempre tenía dinero. Nunca me invitaba nada de tomar o de comer, siempre pagaba todo yo, pero siempre podía comprarse lujos.

Un día me sorprendió con que había comprado el celular más nuevo de una marca muy famosa. Y no solo era el más nuevo, era el más lujoso de la marca. Al preguntarle cómo le hizo, me dijo que tenía unos ahorros y que le había llegado un dinero por sorpresa. La verdad, se me hizo muy sospechoso. No dije nada, pero una duda se me metió en la cabeza y no podía sacármela.

Uno de los conocidos que te mencioné antes era experto en recopilar toda la información posible de cualquier persona. Él solo necesitaba una foto, un correo y alguna red social. Todo lo demás lo hacía él. Le encargué que la investigara y no tardó mucho en encontrar ciertos datos de ella. Nunca me dijo que tenía una página de suscripción mensual en donde vendía lo que le pidieran, desde fotos de pies hasta cosas muy extremas que me enteré en ese momento. No podía creerlo de ella. Muchas de mis fantasías se negaba a hacerlas, pero si un extraño le pedía algo extremo con dinero de por medio, siempre estaba dispuesta.

La imagen que tenía de ella se fue muriendo poco a poco mientras más me enteraba. La persona que hizo la investigación me dijo que también se rentaba para ciertos servicios como los que te mencioné que yo mismo llegué a contratar. Eso sí, los precios no eran nada baratos, pero una de las conversaciones que me mostró hacía referencia a que, por un precio extra, ella tenía el encuentro sin cuidarse —ya sabes, sin protección—. Sí, era un precio muy elevado, pero al final estaba poniendo su vida y la mía en riesgo. No sé cuántos pagaron por este servicio, pero ya no quería saber más.

Al enterarme de esto, sentía asco al verla, al tocarla, hasta su olor. Pero para mí no era suficiente alejarme nada más. Necesitaba hacer algo al respecto. No quiero llamarlo venganza, pero no encuentro la palabra correcta. Tal vez sea justicia.

Le propuse irnos de viaje a algún pueblo rústico un fin de semana. Al principio se emocionó, pero casualmente las fechas que le propuse siempre estaba ocupada, pero no me decía específicamente qué haría. Sentía que solo me decía que le emocionaba la idea, pero realmente no quería ir. Así que tuve que cambiar de plan. Una noche me pidió que pasara por ella al final de un evento que tuvo y no me invitó. Su petición fue de último momento. Ella quería que la llevara a cenar y después a su casa. Yo accedí y preparé todo.

Llegué puntual por ella en mi carro y la esperé casi 30 minutos a que saliera. Me sentía un poco nervioso, pero sentía que esa noche era perfecta para mi plan. Salió con un maquillaje exagerado, un poco tomada, pero me percaté que su labial estaba un poco corrido. No sé si fue ella misma con su mano, o al cambiarse, o si alguien más en esa fiesta fue el culpable. No me importaba, solo sentí cómo me ardió la sangre y se me nubló un poco la vista. Pero no podía arruinar esta oportunidad con una escena de celos. La llevé a cenar a un restaurante que le gustaba a ella. No era de lujo, pero su menú era más caro que el promedio de restaurantes de su tipo. Cenamos, pero tenían una promoción de margaritas de sabores al dos por uno. Pedimos unas margaritas de los sabores que ella quería probar, pero al final de la cena le dije que no me había gustado el sabor, que si quería acabársela por mí no habría problema. Ella aceptó sin ningún problema. Al salir del lugar, noté en su caminar que el alcohol hizo efecto muy rápido.

Subimos a mi auto y ella empezó a quedarse dormida. Ese fue el pretexto perfecto para manejar un rato hasta salir de la ciudad. No estábamos muy lejos de esa carretera, así que ella no lo notó. Al tomar la carretera, estaba tan dormida que un hilo de saliva salía por su boca. Tomé una desviación hacia un mirador que, aunque era conocido, no mucha gente iba por ahí. Se contaban muchas historias paranormales de ese lugar, así que me estacioné y le pregunté si se sentía bien. Ella no respondió, dormía profundamente. Fue en ese momento que me bajé de mi auto y me acerqué a la cajuela. Saqué una maleta de ahí y regresé a mi asiento. Cuando cerré la puerta, me preguntó si ya habíamos llegado. Le dije que estábamos cerca y que quería hablar con ella primero. Balbuceó algo que no entendí, pero me llamó por otro nombre. Le dije que no le había entendido y que me repitiera lo que dijo. Balbuceó de nuevo y me volvió a llamar por ese mismo nombre. No había duda alguna de que me estaba confundiendo. Eso me hizo hervir la sangre. Saqué de la maleta un martillo y la golpeé rápidamente en la cabeza. Fue un golpe directo y certero. No recuerdo mucho de lo que pasó después. Solo recuerdo mis manos en su cuello, sus ojos llenos de lágrimas que solo podían expresar terror. Recuerdo cómo le dije lo que sabía y ella lloraba. Pero lo que más recuerdo, y que me llena de satisfacción recordar, es cómo en su mirada pude ver cómo su vida se iba escapando poco a poco y su cuerpo dejaba de forcejear. Metí su cuerpo en la cajuela y la llevé a mi casa. Lo que hice después no sé si deba contarlo, pero si no lo hago sentiré que no fue una confesión completa y necesito sacar todo en este momento. Por favor, no quiero que me juzgues.

Corté su cuerpo en partes, poco a poco. Metí todo al refrigerador. Los días posteriores usé su carne para alimentar a perros callejeros. Su ropa y su cabello los quemé. Lo más difícil fue deshacerme de los huesos. Los rompí y los pulvericé lo más que pude. Junto a las cenizas de su ropa, los fui a esparcir a una zona boscosa cerca de la carretera que te lleva al mirador. Las partes más grandes de sus huesos que no pude pulverizar me las quedé y las tengo escondidas. Espero con el tiempo poder deshacerme completamente de ellas.

Antes de que algo más sucediera, contacté a su familia para preguntar por ella. En ese momento me enteré de que para ellos siempre fui su amigo, y que el principal sospechoso era su novio oficial, del que me enteré de su existencia en ese momento, ya que habían discutido unos días antes y toda la familia se había enterado. Y sí, su nombre era el mismo que me mencionó esa noche en el auto. Le ofrecí mis servicios para representarlo, pero no los aceptó.

Hasta el momento estoy libre de toda culpa. El novio oficial está detenido y siendo investigado, pero la ley en mi país trabaja haciendo el mínimo esfuerzo, así que es muy probable que lo culpen. La única persona que puede preocuparme es el conocido que me ayudó a investigarla, pero en estos negocios hay que pagar por el silencio, y al menos el precio que me pidió nunca valdrá lo mismo que mi libertad, así que lo pagué sin pensarlo. No me haré pruebas de ETS, si tengo que contagiar a alguien de algo es su destino.

Estoy esperando que esto se calme para irme a vivir a otro lugar, ya que esta noticia fue algo popular en mi país. Pero es cuestión de esperar algún otro caso mediático para que la gente y las noticias se olviden de esto. 

Gracias por leerme y espero que esta confesión me ayude a dejar de escuchar susurros que salen de mi refrigerador y tener paz en mi alma.


Aviso legal: Esta historia es completamente ficticia. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, es pura coincidencia. El contenido aquí presentado es solo con fines narrativos y creativos. No debe interpretarse como una confesión, declaración real o reflejo de hechos ocurridos en la vida del autor o de terceros.
Se permite compartir o usar este contenido siempre y cuando se otorgue el crédito correspondiente al autor original, incluyendo un enlace a: https://elblogdelroblaz.blogspot.com/

Comentarios

Entradas más populares de este blog

El faro

El faro compartía su luz con propios y extraños. Siempre a tiempo, siempre dispuesto. La gente no dudaba en acercarse a él: descansaban, tomaban algo de su calma, dejaban sus problemas allí… y seguían su camino sin siquiera mirar atrás. Con el tiempo, el faro comenzó a desgastarse. Su estructura se agrietó, su luz perdió fuerza. Nadie le dio mantenimiento, nadie lo cuidó. Y el día que se apagó, muchos lo olvidaron. Los más crueles, incluso, le reprocharon haber dejado de brillar, de compartir su luz, de ayudarlos. Pero nadie le tendió una mano. Barcos perdidos y necesitados habrá siempre, buscando una luz que los guíe. Pero faros… solo uno por puerto. Y cuando ese faro se apaga, muchos quedan a la deriva.

Debajo de todo.

No sé por dónde comenzar, pero esta incertidumbre está acabando conmigo. Necesito que alguien me ayude. Espero me permitas desahogarme; tal vez así pueda aclarar mi mente, o tal vez tú puedas ayudarme. De verdad no sé qué hacer. Soy una persona normal… bueno, casi. Nací en una familia acomodada, nunca me ha faltado nada. Mis padres siempre me demostraron todo el amor que tenían por mí. Estudié en una universidad que, aunque no es la mejor del país, sí es de las más reconocidas, y gracias a los contactos que hice pude empezar un negocio que ha dado frutos rápidamente. Tengo que ser honesto: mis padres y los padres de mis socios nos han ayudado bastante. En algún momento les regresaremos todo el dinero con el que nos han apoyado, y honestamente creo que ese día está muy cerca, ya que el modelo de negocio que creamos ha llamado la atención de inversionistas muy importantes. Podríamos decir que accidentalmente me he vuelto una figura pública. Algunas entrevistas que nos hicieron se viral...

La mafia de las cartas

Quiero contarte algo que me pasó. No se lo he contado a nadie porque me dio mucha pena en su momento. No es como tal algo grave, pero fue la razón por la que dejé de ir a la Frikiplaza. Yo soy hombre y tengo 16 años. Era un cliente frecuente de las Frikiplazas, pero había una en el centro de la ciudad donde vivo que era a la que más iba. Como soy menor de edad y no trabajo, no podía comprar tan fácilmente lo que me gustaba, pero sí iba seguido a ver la mercancía nueva, los eventos de cosplay y los torneos de videojuegos, aunque no los jugara. Yo iba solo por distraerme. Por lo general iba en fin de semana, pero hubo una temporada en la que empecé a ir entre semana algunos días, y fue ahí donde me metí en problemas, todo por distraído y confiado. Hice amistad con algunos locatarios de videojuegos, de anime y de juegos de cartas. Me aficioné bastante al Yu-Gi-Oh! y con lo que me daban de la beca compraba algunas cartas y las revendía. No le ganaba mucho, pero sí lo suficiente para seguir...