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Lo bueno del el hate en redes sociales

Últimamente he tenido cierto éxito en YouTube. En enero de este año (2024), decidí abrir un canal para hablar de arte y cultura en general desde mi muy limitada perspectiva, pero con la experiencia que me ha dejado una vida dedicada a esto (25 años de carrera al escribir esto).

Al inicio, todo fue bastante difícil y lento: mil ideas, mucha motivación, pero nadie voltea a ver un canal pequeño. Y no es que esté mal; creo que es porque no nos gusta salirnos de nuestra rutina, seguir viendo a los creadores de contenido que ya conocemos, o hasta un simple "solo quiero saber de este tema". Por eso no vemos a creadores nuevos. Y, te lo repito, eso está bien, en parte porque es un buen filtro: separa a la gente que no tiene nada que decir o que solo quiere imitar a alguno de sus ídolos, de quienes realmente queremos compartir algo. Esto nos obliga a esforzarnos más, ya sea en edición, buscando un nicho, o siendo constantes.

¿Pero por qué te cuento esto? Porque quiero hablarte del
hate
en redes sociales. Extrañamente, es más fácil que alguien te diga "muerto de hambre" a que te dé alguna recomendación para mejorar, y ni hablemos de felicitarte si lo mereces.

Durante las polémicas olimpiadas de este año, se incluyó una categoría de break dance, en la que una australiana hizo un gran ridículo. Después se supo que había conseguido su lugar por medio de nepotismo y fraude. Como consumidor asiduo de YouTube, noté que muchos videos sobre ella solo se dedicaban a burlarse e insultarla. Yo, que durante muchos años he bailado y, aunque no fue mi fuerte, llegué a entrenar breakin' y competir, decidí usar esa experiencia para hacer un análisis sobre su desempeño y explicar por qué estaba mal todo lo que hizo. Este video atrajo muchos seguidores y comentarios de apoyo, pero es impresionante cómo, al ser nuevo en esa plataforma, cien mensajes de apoyo pueden quedar opacados por uno que diga que "no eres nadie para opinar". Y eso, en el mejor de los casos, porque gracias al anonimato, la gente se siente con la libertad de insultarte de las peores maneras, como si descargaran en ese comentario todo lo que quisieran decirle al bully de la escuela.

Seguí subiendo contenido a mi canal y, en una borrachera de esas que nublan la mente, se me ocurrió hablar sobre uno de los cómics mexicanos que más placer culposo generan en la sociedad: El Libro Vaquero. Ese video también se hizo viral. Nuevamente recibí mucho apoyo y seguidores, aunque también hate, aunque debo reconocer que en menor proporción.

Creí haber encontrado mi nicho, pero no quería encasillarme solo en revistas antiguas, así que decidí seguir subiendo videos de biografías, datos curiosos, análisis de películas, etc. Fue en ese momento que otro video se hizo viral: un análisis sobre el nieto de Capulina y por qué algunos productos que vende no tienen el valor que él les quiere dar. Este video me trajo muchos más seguidores, pero también mucho más hate. Creo que haberme expuesto a tantos insultos hizo algo en mi cabeza que me ayudó a lidiar con esto.

  1. Me di cuenta de que yo me quedaba con el insulto, pero no recordaba quién lo había dicho. Eso ayudó a quitarle importancia.
  2. En algunos videos, la gente comentaba datos que yo ya había dado en otros videos, con la intención de enseñarme o "educarme". Al decirles que esos datos los habían sacado de mi contenido, varias personas se dieron cuenta de que era el mismo creador. Esto me hizo notar que, por más insultos que reciba, esas personas no me recuerdan (aún). La mayoría solo insulta por insultar. Si no me atacaran a mí, atacarían a otro creador.
  3. Mucha gente escribe estas cosas en momentos de ocio: cuando están en el baño, en el transporte público, esperando a alguien que llegó tarde, etc. Luego se ocupan y olvidan tanto el comentario como lo que vieron.
  4. Me percaté de que, aunque recibo insultos, los seguidores de mi canal siguen aumentando. Entendí que no todos los que apoyan mi contenido comentan, y eso también es apoyo.
  5. Hay gente que solo quiere tener la razón. Recuerdo un comentario en el que alguien me dijo que no tengo la verdad absoluta. Al responderle que era mi opinión y que tampoco él tenía la verdad absoluta, me dijo que él sí la tenía. Dejé de responderle y lo oculté del canal, porque discutir con gente así no aporta nada y no los sacaré de sus "verdades absolutas". Aunque les demuestre que tengo la razón, no lo aceptarán.
  6. Esto me lleva al punto anterior: ocultar a un usuario del canal es una maravilla. Cuando usas esta opción, todo lo que comente en el futuro solo lo verá él. Puedes dejarlo ahí peleando solo hasta que se canse. Si hay una opción así en la plataforma que usas, no dudes en utilizarla.

En resumen, el hate siempre va a existir. Prefiero que me lo tiren a mí que a otro creador, porque eso da más visibilidad a mi contenido. Las plataformas lo muestran más, y gracias a esto también puedes llegar al público que realmente valorará tu contenido, objetivos y opiniones.

Espero que este... ¿artículo?, ¿ensayo?, ¿entrada?—o como quieras llamarle—te ayude a entender el hate en redes desde otra perspectiva. Y no olvides: si alguien te quita la paz mental, es mejor bloquearlo. Esto último aplica para todo en tu vida.




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