Quiero contarte algo que me pasó. No se lo he contado a nadie porque me dio mucha pena en su momento. No es como tal algo grave, pero fue la razón por la que dejé de ir a la Frikiplaza.
Yo soy hombre y tengo 16 años. Era un cliente frecuente de las Frikiplazas, pero había una en el centro de la ciudad donde vivo que era a la que más iba. Como soy menor de edad y no trabajo, no podía comprar tan fácilmente lo que me gustaba, pero sí iba seguido a ver la mercancía nueva, los eventos de cosplay y los torneos de videojuegos, aunque no los jugara. Yo iba solo por distraerme. Por lo general iba en fin de semana, pero hubo una temporada en la que empecé a ir entre semana algunos días, y fue ahí donde me metí en problemas, todo por distraído y confiado.
Hice amistad con algunos locatarios de videojuegos, de anime y de juegos de cartas. Me aficioné bastante al Yu-Gi-Oh! y con lo que me daban de la beca compraba algunas cartas y las revendía. No le ganaba mucho, pero sí lo suficiente para seguir en el negocio y ahorrar un poco.
En mi escuela se dieron cuenta de que le sabía bastante al juego y a cómo vender las cartas rápidamente. Algunos compañeros más grandes me empezaron a pedir de favor que les ayudara a vender algunas cartas. La verdad, les daba un precio menor al que sabía que podía conseguir, para que ellos tuvieran una ganancia mínima y yo la mía. Ya sabes, todo un "mente de tiburón". Fue en ese momento cuando empecé a ver de verdad ganancias. Era un trabajo fácil: ellos me daban sus cartas, y al día siguiente regresaba con su dinero y un extra para mí. Ya no tenía que andarlas buscando en la Frikiplaza o en las carpetas de los otros chicos que querían vender.
Fue justo en ese momento, cuando vi mejores ganancias, que no pude resistirme a comprar unas cosas que me gustaban. Ya sabes, andaba de presumido. Lo primero fueron unos tenis Jordan, los más baratos, pero al final ya traía Jordan y mis compañeros no. Después, un celular mejor que el que tenía antes, y así, poco a poco... Como dicen en mi casa, se me quemaba el dinero en las manos. Ahora que lo veo hacia atrás, tenía una confianza un poco exagerada. Me la daba lo material, pero se notaba en mi actitud y en mi vestir.
Desgraciadamente, esa confianza fue la que me traicionó. Un día me llegó un mensaje avisándome que iban a desalojar un local y que iban a rematar todo lo que tenían. Ya sabes, un señor que no sabía nada del negocio y que se dedicaba a revender cajas cerradas y cartas que sus empleados le dijeran que valían la pena. Supe que se peleó con los empleados y que no estarían. Era el plan perfecto: yo le compraba todo muy barato y después haría lo mío, revender todo eso... y a ver en qué me gastaba la ganancia.
Tontamente, un día antes compré una consola, una Play 5 usada. Por fin tendría dónde jugar. Por esa compra me quedé sin dinero, así que le pedí prestado a unos compañeros de la escuela, de esos niños ricos que ya habían sido clientes míos y habían quedado muy contentos. Eran más grandes que yo, y como te mencioné hace un momento, en la escuela eran respetados por ser de los que mejor posición económica tenían. No es que en su familia fueran influyentes, más bien eran comerciantes, de esos que venden piratería en una zona peligrosa de la ciudad, así que con ellos había que andarse con cuidado y respeto. Siempre tenían dinero, pero les pedí una cantidad un poco fuerte. No se negaron, pero los acompañé a su casa. Le pidieron a sus papás, que muy desconfiados aceptaron, y creo que lo hicieron por la seguridad con la que les juré que les regresaría el dinero en una semana y que era para mi negocio. Me preguntaron de qué era. Al explicarles no me entendieron, pero creo que confiaron porque se sintieron identificados conmigo. Me pidieron el teléfono de mis papás y me dieron el dinero.
Me fui corriendo a la Frikiplaza y llegué justo en el momento en que iban a abrir la cortina de metal para sacar todo. Revisé las cartas y, de verdad, sentía cómo me brillaban los ojos. Hablé con el dueño y tuvimos que negociar un rato. No quería dejarme las cartas al precio que le podía pagar, pero hicimos un trato: ese día me dejaba todo, tomaba mi dinero y, en una semana, yo le daba un extra más. Como no era mucha la diferencia, acepté. Con dos cartas que vi entre ese montón, sabía que sacaría fácilmente la diferencia que me pedía.
Tomé las cajas donde guardaba su mercancía y me fui a una mesa a organizar todo en mis carpetas. Hacía cuentas mentales y sabía que algunas de esas cartas podrían subir de precio. Le escribí a algunos clientes, mandándoles fotos, y rápidamente me las iban apartando. Ya saboreaba el dinero que iba a ganar. Solo podía pensar en en qué lo iba a malgastar.
En eso, una chica que vendía comida en la plaza se me acercó con un menú para ofrecerme algo de comer. La rechacé y ella insistió un poco. Le pedí que me trajera unos onigiris y seguí en lo mío. Al poco tiempo regresó y me los dejó. Me hizo unos comentarios como para iniciar la plática. Me preguntó si le podía conseguir el Rescue Cat y el Rescue Rabbit. Los tenía ahí, unas hojas atrás, recién acomodados. Se los mostré y me preguntó el precio. Le di uno muy razonable y me preguntó que si podía pagarme de otra forma.
La verdad, ese comentario me descolocó, ya que no soy muy atractivo que digamos. No soy feo, pero nunca me buscan las chicas de mi edad y como nunca he tenido novia, esa insinuación fue algo muy nuevo para mí. Me puse nervioso y le pregunté a qué se refería. Ella se rió y me dijo que no malinterpretara la pregunta, pero remató con la frase: “Es broma... pero si quieres, no es broma”. Me salió una risa nerviosa y le dije que si le daba pena darme un precio, que la podía acompañar a donde no le diera pena. Gran error...
Ella sonrió y me dijo que fuéramos al piso de hasta arriba, al local de su amiga. En ese piso se hacían los concursos de cosplay y los torneos en fin de semana, pero entre semana estaba bastante solo y tranquilo. Subimos y, al acercarnos al local de su amiga, me di cuenta de que no estaba sola. Había unos malandros ahí con ella en el mostrador, pero pensé que eran clientes.
Llegamos y me presentó. Era un local de renta de consolas: ya sabes, sillones frente a las pantallas que puedes rentar por hora. Me dijo que nos sentáramos en un rincón a jugar un momento, en lo que pensaba cómo podía pagarme. Jugamos el Naruto Shippuden. Yo no sabía jugar, pero ella tampoco. Jugamos dos partidas y me dijo que la esperara, que iría a ver si no necesitaban nada en el local donde ella trabajaba.
Fue en ese momento que dos de los malandros que había visto antes se acercaron y se sentaron junto a mí. En eso me dijeron que por ahí se enteraron de que yo conseguía buenas cartas de Yugi, que se las mostrara. La verdad, me dieron desconfianza y saqué la peor carpeta que traía. La hojearon un momento y, de repente, uno de ellos sacó una navaja y me la puso en las costillas. Me dijo que si hacía un escándalo, hasta ahí iba a quedar. Me espanté bastante. Me da pena aceptarlo, pero hasta me oriné del susto. Nunca había estado en esa situación.
Se guardaron la carpeta y metieron mano en mi mochila. Sacaron todas las cartas. Me quitaron mi celular y, no sé cómo tomarlo, pero casi me quitan mis Jordan, solo que entre ellos se dijeron que como eran los más baratos, no iban a poderles sacar mucho.
Se fueron. La chica de la comida nunca regresó y, al bajar para salir de la Friki, pasé por su local y ella no estaba. Pregunté por ella y me dijeron que había acabado su turno hace rato. Fui con los de seguridad a avisar lo que me había pasado. Me ayudaron a revisar las cámaras de seguridad, pero justo en el rincón donde nos sentamos no se veía nada. Todo estaba planeado.
Regresé a mi casa todo miado y me metí directamente a mi cuarto. No sabía qué hacer y necesitaba pensar alguna solución. No hace falta mencionar que esa noche no pude dormir.
Al día siguiente les conté a mis compañeros lo que pasó y se molestaron bastante. Me amenazaron y me dijeron que tenía que regresar ese dinero o que mi familia se metería en problemas. Esa misma tarde les conté a mis papás lo que pasó y se preocuparon mucho, ya que lo que me quitaron era casi igual a mes y medio de renta. Me dieron el dinero porque sabían qué tipo de gente eran la familia de mis compañeros y no querían problemas con ellos. Me acompañaron hasta su casa y les pagué. Los papás de mis amigos agradecieron mucho, ya que se les pagó en menos tiempo del prometido. Hasta nos dijeron, a mí y a mis papás, que cuando quisiéramos, les pidiéramos con confianza.
No supe qué decir. Solo me despedí y nos fuimos de ahí.
Desde ese día no he regresado a la Frikiplaza ni he entrado a ninguna otra. No dudo que lo que me hicieron a mí se lo hayan hecho a otras personas. Perdí todos mis clientes, pero con una parte de mi beca compré unos dulces para revender en la escuela, y la otra parte se la di a mis papás. No son las mismas ganancias, pero algo es algo. Malbaraté mi Play 5 y mis Jordan para pagar esa deuda mas rápido. Les ayudé a pagar la renta de ese mes y del siguiente. Me tardé bastante en recuperarme, hasta me subía a camiones a vender. La gente, al verme con el uniforme y tan joven, me compraba, no sé si por lástima o por empatía. Tuve problemas con otros vendedores, payasos y raperos de los que también se suben a los camiones, pero esa es otra historia. Lo que pude sacar lo junté y les regresé todo el dinero a mis papás.
Sigo vendiendo dulces, porque se me da bastante bien vender cosas. Ando buscando en qué más puedo hacer negocio, pero creo que tener algo con lo que saque las mismas ganancias va a estar difícil.

Comentarios
Publicar un comentario