Ir al contenido principal

Tocan a la puerta

Tocan a la puerta...

No quiero abrir. Quiero estar solo contigo. Me encanta este momento, sentados, sin hacer nada. ¿Te acuerdas cómo nos conocimos? Nunca puedo evitar sonreír cuando me acuerdo de ese momento, nunca pensé encontrar a alguien como tú en esa app de citas, pensé que no responderías, te veías tan hermosa, tan perfecta, tan... tan tú.

Y cuando por fin nos vimos, eras más hermosa en persona, no me lo podía creer, solo quería que estuvieras cómoda, tranquila, feliz. ¿Recuerdas que me pediste ir a ese restaurante de lujo? Valió cada centavo, te veías tan feliz en las fotos que te tomaste. Aunque hablamos poco, no me importó, me dejaste muy intrigado, quería saber más de ti. Siempre que aceptabas salir conmigo era una mezcla de emociones. Te confieso que varias veces pedí prestado para pagar esas salidas, pero valía la pena por el simple hecho de verte de nuevo. No era tan seguido como me hubiera gustado, pero cada uno de esos momentos los atesoro como no puedes imaginarte. En nuestra cuarta cita, que nuestras manos se rozaron, me puse muy nervioso. Creo que no te diste cuenta, fue cuando te pasé ese vestido que te querías probar. Se te veía increíble. ¿Recuerdas que bromeamos un poco? Que te lo compraba pero me lo tenías que modelar. Nunca te lo vi puesto, pero vi que lo usaste unas cuantas veces para las fotos que subías en tus redes sociales.

Me gustaría saber por que nunca te lo vi puesto, pero la verdad, cualquier respuesta ahora ya no importa.

Qué insistentes... No hagamos ruido, aunque toquen más fuerte no voy a abrir. Este es nuestro momento, por fin. Espero algún día conocer a tus hijos y espero caerles bien. Gracias por estar aquí, dame tu mano, mi corazón se está acelerando, tu piel es tan suave y nuestros dedos entrelazados son perfectos, como si fuéramos el uno para el otro. Voy a besarla, necesito sentir tu piel con mis labios.

Beso unas cuantas veces más tu mano, y te sonrío. Siempre me gustó tu mirada, como si siempre estuvieras distraída, y esos ojos tan grandes y brillantes. Y aunque tu no me sonries en este momento, se que estas tranquila, lo noto en tu expresión.

De verdad gracias por estar aquí, nuestra primera noche juntos, la primera de muchas más que vendrán.

El olor de tu piel se mete en mi cabeza, estimula mis sentidos. Ahora te deseo más que nunca, pero no quiero arruinar este momento. Iré suave, lento, te cuidaré. La verdad es que tengo poca experiencia en estas cosas, siempre tuve que pagar por estos momentos, pero sabía que algún día llegaría la indicada. Cuando te vi en esa pantalla, sabía que eras tú.

¿Escuchas? Y no me refiero a mi corazón que está palpitando de amor por ti, esos murmullos que vienen del pasillo, la ciudad está viva, el mundo sigue girando, pero aquí, en mi departamento junto a ti, parece que el tiempo se detuvo. ¿No lo crees? Bueno no importa.

El cansancio me está ganando, solo quiero recargar mi cabeza en tu hombro unos momentos y siento un poco de remordimiento entre mis bostezos.

Perdón por molestarme cuando te vi comiendo con ese chico. Yo sé que solo es tu amigo, pero no me entiendes. De verdad, este amor que siento es inexplicable, es como un ardor en mi pecho, en mi alma. Supongo que así se siente cuando estás seguro de que encontraste a tu alma gemela. Pero de verdad, no esperaba que esos celos que sentía cuando te veía con él en la pantalla de mi teléfono se sintieran tan intensos cuando los vi en persona. Pero ya pasó eso, de nuevo te pido que me disculpes. No volverá a pasar, a partir de ahora solo seremos tú y yo y será para siempre, hasta el final de nuestros días.

El sonido de afuera sube, el amor en mi corazón crece y el silencio se vuelve más profundo. Ya no necesitamos decir nada más.

¿Quisiera saber si te gustó la sorpresa? ¿Te quedaste sin palabras, verdad?

Creo que nunca te esperaste que ese ramo de rosas, ese teléfono nuevo que tanto mencionabas que querías y vendarte los ojos para que al subir a mi carro no supieras a dónde íbamos, fue algo que no esperabas. Hubieras visto tu cara de sorpresa al ver que estábamos en mi departamento. Todo estaba listo para ti.

¿Te gustaron las velas? ¿La cena? ¿La decoración?

Gracias por aceptar al final. Perdón por romper tu viejo celular al escuchar que estabas llamando a alguien. No entendía de lo que hablabas con la otra persona, nunca te había escuchado hablar tan bajo. Por un momento pensé que podría ser tu amigo. Disculpa mis celos. Se me hizo fácil tomar tu teléfono y cortar la llamada de esa manera. Sé que no fue lo correcto azotarlo contra el piso, pero como ya te mencioné, el nuevo teléfono que te regalé es mejor.

Vas a estar bien, no te preocupes. Ahora vamos a mi habitación. No pienses mal, solo que me molesta el ruido del pasillo. No es normal, casi nunca hacen ruido los vecinos. No te preocupes. Supongo que es una fiesta que está muy animada. Si sigue así, llamaré a seguridad.

¿Podría cargarte en mis brazos? Qué momento tan romántico, siempre soñé algo así. No me cansaré de repetirlo, pero gracias por este momento.

Recuéstate en mi cama, no importa si no quieres comer nada aún. Cuando gustes puedo recalentar la pasta, y por la ensalada no te preocupes, no tiene fresas. Nunca olvidé que me mencionaste tu alergia. ¿Recuerdas cuando lo hiciste? Bueno no te preocupes por responder, ¿C
omo podría olvidar algo tan importante para ti?

Voy a recostarme contigo, quiero mostrarte una de mis canciones favoritas. Vamos a escucharla, espero eso sirva para calmar el ruido de afuera y poder sintonizar aún más nuestras almas.

Repitió una vez más “gracias”, antes de que el cansancio ganara y lo hiciera quedarse dormido, con una sonrisa en sus labios, junto a aquella mujer que en algún momento vio como inalcanzable. Justo antes de que la policía irrumpiera en su departamento y lo encontrara junto a aquel cuerpo en descomposición.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

El faro

El faro compartía su luz con propios y extraños. Siempre a tiempo, siempre dispuesto. La gente no dudaba en acercarse a él: descansaban, tomaban algo de su calma, dejaban sus problemas allí… y seguían su camino sin siquiera mirar atrás. Con el tiempo, el faro comenzó a desgastarse. Su estructura se agrietó, su luz perdió fuerza. Nadie le dio mantenimiento, nadie lo cuidó. Y el día que se apagó, muchos lo olvidaron. Los más crueles, incluso, le reprocharon haber dejado de brillar, de compartir su luz, de ayudarlos. Pero nadie le tendió una mano. Barcos perdidos y necesitados habrá siempre, buscando una luz que los guíe. Pero faros… solo uno por puerto. Y cuando ese faro se apaga, muchos quedan a la deriva.

Debajo de todo.

No sé por dónde comenzar, pero esta incertidumbre está acabando conmigo. Necesito que alguien me ayude. Espero me permitas desahogarme; tal vez así pueda aclarar mi mente, o tal vez tú puedas ayudarme. De verdad no sé qué hacer. Soy una persona normal… bueno, casi. Nací en una familia acomodada, nunca me ha faltado nada. Mis padres siempre me demostraron todo el amor que tenían por mí. Estudié en una universidad que, aunque no es la mejor del país, sí es de las más reconocidas, y gracias a los contactos que hice pude empezar un negocio que ha dado frutos rápidamente. Tengo que ser honesto: mis padres y los padres de mis socios nos han ayudado bastante. En algún momento les regresaremos todo el dinero con el que nos han apoyado, y honestamente creo que ese día está muy cerca, ya que el modelo de negocio que creamos ha llamado la atención de inversionistas muy importantes. Podríamos decir que accidentalmente me he vuelto una figura pública. Algunas entrevistas que nos hicieron se viral...

La mafia de las cartas

Quiero contarte algo que me pasó. No se lo he contado a nadie porque me dio mucha pena en su momento. No es como tal algo grave, pero fue la razón por la que dejé de ir a la Frikiplaza. Yo soy hombre y tengo 16 años. Era un cliente frecuente de las Frikiplazas, pero había una en el centro de la ciudad donde vivo que era a la que más iba. Como soy menor de edad y no trabajo, no podía comprar tan fácilmente lo que me gustaba, pero sí iba seguido a ver la mercancía nueva, los eventos de cosplay y los torneos de videojuegos, aunque no los jugara. Yo iba solo por distraerme. Por lo general iba en fin de semana, pero hubo una temporada en la que empecé a ir entre semana algunos días, y fue ahí donde me metí en problemas, todo por distraído y confiado. Hice amistad con algunos locatarios de videojuegos, de anime y de juegos de cartas. Me aficioné bastante al Yu-Gi-Oh! y con lo que me daban de la beca compraba algunas cartas y las revendía. No le ganaba mucho, pero sí lo suficiente para seguir...