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La capibara con thiner

 En la Frikiplaza todo puede suceder: desde encontrar rarezas entre los pasillos, gente en cosplay, al mejor jugador de Yu-Gi-Oh! de la ciudad, hasta escuchar historias tan extrañas que ni la persona más perturbada que conozcas podría imaginar. Pero lo que estás a punto de escuchar no pasa en ningún otro lado.

Ese día, entre los pasillos de tiendas de manga, ramen y cartas, nadie lo esperaba. Esta es la historia de un capibara… y es más perturbadora de lo que podrías imaginar.

Era un día común en la Frikiplaza. La gente, como siempre, estaba sumida en sus conversaciones sobre el último capítulo de anime y en sus compras.

Pero entre la multitud había algo diferente. No era una persona, ni un fanático con una camiseta de su personaje favorito, ni una chica con poca ropa ofreciendo sentarse sobre la cara de quien pagara por el “servicio”. Era un capibara. Sí, uno de esos tiernos animales que, inexplicablemente, apareció en la Frikiplaza.
Nadie sabía de dónde había salido ni cómo llegó ahí. Poco a poco fue llamando la atención, y entre murmullos se corrió la voz de su presencia. Pronto se convirtió en la sensación del lugar. Algunos pensaron que era una mascota perdida de alguno de los locales, o quizás una broma.
Sin embargo, el capibara comenzó a rondar cerca de los estantes de manga como uno más del lugar. Olfateaba y miraba los productos con una curiosidad casi humana.
La gente empezó a sacarle fotos y videos; algunos más valientes lo acariciaban. Pero nadie imaginaba lo que estaba a punto de ocurrir.

Todo cambió cuando, entre los estantes, se vio al capibara alejarse hacia un rincón apartado, en la zona de comida.
La gente lo siguió, manteniendo su distancia. Allí, algo extraño estaba sucediendo: un hombre alto, obeso, con un acné exagerado que escupía al hablar —y al que todos apodaban “el Jabba”— sacaba cosas de su mochila de Paw Patrol.
Llevaba puesta una camiseta de Star Wars, ya algo desgastada, pues al parecer era muy fan de la saga; de ahí su apodo, que portaba con orgullo.
De pronto, abrió un bote de thiner. Para muchos, el thiner es solo un solvente para pinturas, pero para otros es algo más: un estupefaciente que los ayuda a escapar de su realidad.

Pero lo que el capibara hizo después, nadie lo vio venir.
El hombre, aparentemente distraído, dejó el bote abierto sobre la mesa, ya que una chica —muy parecida a él— le habló para invitarle unos onigiris, de esos que saben a humedad pero calman el hambre.
El capibara, curioso por el olor, se acercó lentamente y, sin pensarlo, comenzó a oler el bote.
Aunque muchos alertaban del peligro de permitir que un animal se acercara al solvente, nadie hizo nada. Tal vez por curiosidad, tal vez por miedo, o quizá por la oportunidad de grabar su próximo video viral.
El pequeño animal comenzó a lamer el borde del bote. Nadie sabía si estaba buscando algo, si era la mascota del dueño del solvente o si simplemente había desarrollado un raro gusto por los productos químicos.
Lo que sí se sabía es que lo que vino después lo cambió todo en cuestión de segundos.

El capibara empezó a temblar. Su cuerpo dio pequeños espasmos, como un preludio de un ataque epiléptico.
Y sus ojos… sus ojos fueron lo que más nos sorprendió a todos: se volvieron completamente vidriosos.

Los fanáticos lo observaban, al principio divertidos, pero pronto se dieron cuenta de que algo no estaba bien. El animal comenzó a moverse de manera muy rara, como si hubiera perdido toda coordinación.
A veces nos miraba fijamente, como si viera nuestra alma.
Esto causó risas entre los otakus y curiosos, pero no eran risas normales: eran risas nerviosas, de esas que en cualquier momento pueden volverse gritos de auxilio.

Fue entonces cuando el capibara comenzó a gruñir, como si estuviera en trance. Lo que parecía una curiosidad inofensiva pronto se convirtió en una escena caótica.
El capibara comenzó a acercarse a una de las chicas más feas del lugar; al parecer la confundió con una hembra de su especie, y lentamente empezó a oler sus partes íntimas.
Ella se notaba incómoda, pero por alguna razón no se movía. El animal intentó meter su nariz por debajo de su ropa.
Nadie quería auxiliarla. Nadie lo decía, pero en el ambiente se presentía que todo podía empeorar de un momento a otro.
De la ternura que proyectaba el animal pasó a la agresividad. Cuando la chica rompió su silencio con un grito de auxilio, el capibara comenzó a correr por los pasillos, chocando contra los estantes y aterrorizando a las personas.
Sus ojos vidriosos estaban completamente desorbitados; su cuerpo se movía como si algo más lo estuviera controlando, con una energía que nadie comprendía.

La gente comenzó a gritar y a correr, pero el capibara no dejaba de atacar todo a su paso. Mordía los productos a su alcance, olfateaba a otras chicas, desacomodaba mesas de juego.
Por alguna extraña razón, no atacaba a personas directamente, pero sí era muy agresivo.
Parecía que el thiner —o lo que fuera que contenía esa botella— lo había poseído, como si se hubiera convertido en una bestia descontrolada.

Lo más extraño vino después: los testigos aseguran que vieron algo. No saben explicarlo, pero mencionan que había un brillo en los ojos del capibara, como si por un momento hubiera vuelto en sí.
Y luego un susurro… tan bajo que solo algunos pudieron oírlo:
—El thiner lo liberó.

El capibara, completamente fuera de control, corrió hacia la salida, esquivando todo a su paso.
Nadie se atrevió a detenerlo. Los policías de la plaza estaban más atemorizados que los testigos, y los empleados de las tiendas, al ver el caos, decidieron cerrar las cortinas metálicas de sus locales, dejando que el animal saliera y se perdiera entre las calles aledañas.

Pero lo peor de todo es que nadie vio lo que ocurrió con el thiner.
Muchos aseguran que el contenido de esa botella no era un solvente común.
Algunos comenzaron a rumorear sobre productos que, en manos equivocadas, podían desatar algo oscuro.
Tal vez no era el thiner lo que había afectado al capibara… o tal vez lo que estaba en el ambiente de la Frikiplaza esperaba a que ese animal llegara para controlarlo.

¿Fue todo una coincidencia? ¿Un capibara perdido que, por casualidad, encontró el líquido que lo transformó?
O tal vez algo más siniestro está ocurriendo.
Porque en la Frikiplaza las historias extrañas no siempre son lo que parecen.

Hay quienes aseguran que después de ese día no solo el capibara cambió, sino también la Frikiplaza. De hecho, poco después le cambiaron el nombre: ahora es la famosa Fan Center. Tal vez hicieron este cambio, para que poco a poco se olvidara aquel suceso.
Algunas personas que llegaron a ver a ese capibara dicen que nunca volvió a ser el mismo, que lo veían vagando por la ciudad, mordiendo y buscando entre la basura, como si siguiera buscando algo.

Se avisó a las autoridades, pero —para sorpresa de nadie— no tomaron en serio a un grupo de otakus con una historia aparentemente fantástica, que solo entre ellos podían dar veracidad.

Si alguna vez ves un bote de thiner en una Frikiplaza… mejor aléjate.
Porque lo que pasó con aquel animal podría ser solo el principio de algo mucho más turbio.


Nota del autor:
Esta historia es completamente ficticia.
Fue escrita como encargo para un creador de contenido de YouTube y forma parte del proyecto narrativo de El Blog del Roblaz.
Ninguno de los hechos o personajes aquí descritos corresponde a la realidad; todo surge de la imaginación y el gusto por contar historias extrañas, curiosas o inquietantes.
Cualquier parecido con personas, lugares o situaciones reales es pura coincidencia.

Porque, al final, en El Blog del Roblaz, la realidad y la ficción a veces se saludan… pero nunca se mezclan del todo.




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