Hace unos días, al levantarme, hice lo que por mala costumbre hacemos muchos: tomé mi celular y me puse a scrollear, ya sabes, revisar notificaciones, ver qué subió la gente en estas horas, y revisar lo que el algoritmo quiera mostrarme.
Después de unos cuantos memes de ese humor tan cancelable que me gusta tanto, me apareció una foto de alguien durmiendo. Parecía una foto vieja, pero muy bien tomada; era un cuarto desordenado con un tipo al que no se le veía la cara, recostado boca abajo, una pierna fuera de la cobija, un brazo extendido y el otro abajo de la almohada.
No sé mucho de fotografía, pero mi experiencia consumiendo contenido me hizo verla de una manera un poco analítica, pero debo confesar que, aunque no era uno de esos memes o videos cortos que me hacen reír, me sentí igual de atraído por esa imagen, como si fuera algo familiar o ya la hubiera visto antes.
Seguí scrolleando y continué con mi día con normalidad.
Al día siguiente recuerdo que retomé la misma rutina: despertar, revisar notificaciones, ver memes, etc., pero mientras seguía bajando volví a ver otra foto de esta cuenta.
Pero ahora era una anciana dormida en un sillón.
Bueno, la verdad es que no sé si dormía, se veía muy mal. Su cara tenía ese hundimiento por debajo de los pómulos que me recuerda los siguientes minutos del último suspiro de una persona.
Por curiosidad entré a esta cuenta y vi que todo el contenido era parecido, solo gente en la intimidad de su cuarto durmiendo, pero si una sola imagen por sí misma era hipnótica, toda la cuenta era una cosa que absorbió mi atención por más tiempo del que me gustaría admitir.
Algo que me causó curiosidad es que esta cuenta tenía apenas unos 40 seguidores y solo seguía a una persona; al revisar a quién seguía me sorprendió darme cuenta de que me seguía a mí.
¿Cuándo? ¿Por qué no me di cuenta?
No soy alguien que tenga muchos amigos, ni publico nada de interés, es más, creo que tiene varios meses que no subo nada. ¿Por qué me seguiría a mí?
Fue un tanto extraño. La seguí de vuelta, revisé un poco más y al salir de la aplicación tenía una sensación extraña. Tardé un poco en olvidar eso, pero continué mi día normalmente.
Unos días después, continuando con mi mala rutina por las mañanas, apareció otra foto de esta cuenta en mi feed. La verdad es que ya la había olvidado porque tenía bastantes días que no me aparecía nada, pero lo que vi fue un tanto extraño.
La foto que me apareció ahora era de mi hermana, que vive a unas cuantas calles de mí. Me sorprendió porque nunca ha dado señales de que le interese crear contenido, modelar o aunque sea mostrar su cara en sus fotos.
En esta foto tampoco se le veía el rostro, pero la conocía muy bien y conocía su habitación.
Le mandé un mensaje directo con la fotografía para preguntarle respecto al tema, a lo que me respondió casi de inmediato con una captura de pantalla donde podía ver claramente que el contenido no estaba disponible para que ella lo pudiera ver.
A esta captura de pantalla la acompañaba un mensaje que decía:
—¿Qué es? No lo puedo ver.
Le respondí que era una foto de ella dormida, a lo que me respondió con un jajaja... como si no me creyera.
Al salir de su chat, noté que tenía un mensaje directo de esta cuenta. Lo abrí y solo decía:
¿Estás listo?
Más que miedo me causó extrañeza. Le respondí que para qué, pero solo me apareció el mensaje de que el destinatario lo había visto, pero no había respondido.
Ese día fue más difícil olvidar este asunto, casi no tuve hambre y a ratos me distraía de mis ocupaciones por pensar en el tema. Antes de dormir me aseguré de dejar todo muy bien cerrado y, aunque fue difícil conciliar el sueño, lo logré.
Pero a la mañana siguiente no fue como los demás días.
No revisé directamente mis notificaciones, entré primero a ver si había alguna foto nueva de esta cuenta, a lo que me percaté de que ahora era la foto de un cuarto de niños, en donde estaba uno de mis mejores amigos sentado junto a una cuna donde estaba su bebé, que tiene apenas unos cuantos meses.
La verdad podría decir que la imagen tenía unos tintes artísticos, como si hubiera sido preparada, pero conociendo a mi amigo, dudo que se haya prestado para algo así.
Le escribí de inmediato para preguntarle por la foto, a lo que me respondió después de un rato que tampoco la podía ver, pero me contó que estaba muy cansado, que su bebé se puso mal en la tarde y que se quedó a cuidarlo toda la noche. Es más, me agradeció por preguntar; no supe qué responder y terminé la conversación.
Nos despedimos y me di cuenta de que tenía otro mensaje de esta cuenta. Solo decía:
—Nos vemos esta noche.
No sé qué sucedió en mí, que me sentí muy mal.
No pude dejar de pensar en eso todo el día. En el trabajo me llamaron la atención por mi falta de concentración, lo cual se vio reflejado en mi productividad; para lo que me pagan, que agradezcan que vengo.
Al regresar a casa, alcancé lugar en el camión junto a la ventana y puedo asegurar que la anciana de la segunda foto estaba mirándome desde la fila para abordar, pero no se movió, la fila avanzó pero ella se quedó ahí sin apartar la mirada, parecía que quería ver dentro de mí, como intentando ver mi alma, no sé cómo explicarlo. Yo me volteé y solo la veía de reojo, empecé a sudar frío, no sé si lo pudo notar, pero en ningún momento apartó su mirada, hasta que empezamos a avanzar sentí cómo poco a poco me calmaba.
Al regresar a casa, apenas comí algo y al prepararme para dormir, me aseguré de que todo estuviera muy bien cerrado. Me senté en la orilla de mi cama, con mucho miedo me asomé abajo de ella, pero no había nada.
Cerré el baño, cerré la puerta de mi cuarto, le puse seguro a la puerta de mi armario y me recosté.
Puse algo de música clásica para intentar dormir, pero mi cabeza divagaba tanto que no podía conciliar el sueño.
Por un momento sentí que el tiempo se detuvo. No sé cómo explicarlo, sentí mucha pesadez en el cuerpo y lo siguiente que recuerdo fue la luz del sol pegándome en la cara.
Me desperté, mi cuerpo no descansó, todo me dolía, volteé para todos lados y no había nada fuera de lo normal.
Tomé mi celular con mucho miedo, entré a revisar la aplicación y ahí estaba: una foto mía, tomada desde un ángulo imposible. Pareciera que alguien la tomó desde adentro de la pared, a un lado del armario, casi a la altura del techo.
Volteé lentamente y con mucho miedo hacia ese punto, pero no había nada. Era imposible que alguien hubiera tomado esa foto.
Entré a la cuenta y me había dejado de seguir, ahora seguía a otra persona, seguía a mi madre.
Revisé mis mensajes y tenía uno de esta cuenta que decía:
—Qué lindo te ves cuando duermes.
Le tomé captura de pantalla a todo: a la imagen, al mensaje, a la cuenta, a sus seguidores y a quien seguía.
Entré a mi galería de imágenes para revisarlas y quedé impactado.
Ahí estaban las capturas de pantalla, pero también estaban todas las imágenes de esa cuenta, pero no solo eso, fotos de otros ángulos de cada imagen, fotos de la cara del bebé de mi amigo, fotos de detalle de las manos y cabello de mi hermana, una foto de la anciana como si acabara de despertar, viendo a la cámara de la misma forma que me observaba en el camión.
Pero había algo que no acababa de entender.
Se había sumado una fotografía más justo en ese momento: la foto nueva era mía, tomada a mis espaldas, mientras revisaba las imágenes.

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